sábado, 29 de mayo de 2010

La otomana

La otomana llegó a la semana exacta del encargo. La bajaron del camión y la subieron a la casa con delicadeza y la depositaron en el rincón de una habitación amplia e iluminada, justo al lado de una ventana, de modo que la luz, a la persona que allí se tumbara, le entrara por la izquierda, como mandan los cánones. En cuanto se fueron los empleados de la tienda de muebles, terminó de desempaquetarla, la miró desde todos y cada uno de los ángulos posibles y se lanzó a la prueba. Se colocó con cuidado en el centro del mueble.

sábado, 9 de enero de 2010

Aquella mañana

Aquella mañana fría se le helaron los pies y le costó sacudírselos. La cabeza funcionaba a otra temperatura muy diferente. Pero no sabía qué quería con la claridad deseada. Golpeó el suelo con insistencia, como si estuviera llamando al vecino de abajo para llamarle la atención y se sintió mejor.
  • ¡Demonios! Lo que tengo que hacer aquí está claro.

Salió por la puerta lateral disparado, una exhalación casi final. Provocó un viento de cierto empuje y mariposas de papeles revolotearon dentro y ya fuera en la calle, donde peatones normales se convirtieron en escurridizos de mirada entre temorosa e interrogante.

¿Había llegado la hora?