Y vió el Premio. El personaje vió el premio del escritor. Lo vió porque alguien le dijo que había un buen discurso. Lo buscó, lo leyó, lo releyó. Más tarde, le parecía mentira el haberlo releído, porque era neto, sencillo, claro. Pero ahí estaba la clave, en la sencillez.
El escritor era Antonio Muñoz, dijo el príncipe, nadie lo conoce así, Antonio Muñoz Molina, la madre siempre presente, hasta en el mismo premio, oyendo todo y Juan Cruz observándola, lo dijo él mismo, a ella, y a la mujer y a los hijos del mismo Antonio. Y Antonio se convirtió en Antonius, porque es un clásico, porque así lo confirmó en el discurso, breve y nada enfático. Glosó la escritura desde el trabajo, del sueño al oficio, porque siempre quería llegar a ser un escritor con todas sus ganas y cruzó un largo mar de aprendizaje. Y, después de un mar tan largo, afirma que no sirve de nada, que todos los días hay que empezar de nuevo, que el trabajo es lo único que se pone por delante, para salir adelante, para, letra a letra y hoja a hoja, seguir adelante.
Habla sobre la soledad, que acepta y disfruta, del desaliento que siempre está al lado de la puerta, acechando. Y termina con un compromiso, porque revisa de una pincelada la historia reciente, nombrando las dificultades del momento pero realzando el aire de libertad, porque quien ha vivido, compara momentos de la historia y puede subrayar lo importante, poner de relieve lo fundamental, no perder de vista la jerarquía básica de valores.
Antonio es un clásico, clásico Antonius, que pone el énfasis en el trabajo, con sencillez y constancia, tan fácil de decir y tan difícil de hacer.
Y me lo figuro en este nuevo; desde hace años ya, tramo de su vida, viajando sin parar, disfrutando de todo, agudizando la vista y la sensibilidad, de Nueva York a Madrid y al revés, y, mientras, Holanda, su pueblo, las Baleares, Italia y un largo etcétera, donde va descubriendo mucho nuevo a su alrededor, y siempre leyendo en español y en el inglés que ha adoptado, se ve que con todas sus ganas y al que va tumbando continuamente, como si fuera otro tema suyo, intrínseco, gran instrumento de conocimiento de autores y obras, como lo es, para él, la misma escritura.
lunes, 4 de noviembre de 2013
tema escribo
El personaje se topa con un papel en medio de la barra del bar. Un café y un vistazo. Todo puede tener su momento. Se le ahogan los ojos en medio de tantos artículos con letras enormes, políticos totalmente hundidos vendiendo su jeta, como si no pasara nada en este mundo, pero el personaje pasa las hojas sin mirar demasiado, y llega el café y en ese momento, sin quemarse, toca la taza con los labios sin apartar la mirada de un pequeño título que tiene que ver con escribir. Deja el café, rápidamente, y coge el periódico como si se le fuera a escapar, pareciera que lo fuera a destrozar, por si alguien se acerca con ganas de arrebatárselo, lo coge, lo recoge, lo esconde, en otros tres dedos la taza de café y huye hacia un rincón de la cafetería, una mesa alejada, donde pueda degustar esas letras que espera y ansía que le digan algo, que le den sentido a su vida.
Ha llegado, se ha sentado y ha olvidado el café, obseso con esa pornografía literaria tan evidente, tan detallada, tan espléndida. El día se adorna de una mancha alegre, el café ya frío, sobre el papel, no sabe si sobre la camisa y mira hacia todos lados, con la intención de vigilar si alguien lo ve en su atraco, robo descarado de una hoja de papel, un trozo, un artículo, que nadie quiere ni ver, pero del que piensa que es un pequeño tesoro que, en ciertos momentos, le va a equilibrar la temperatura vital, su emoción diaria.
El personaje huye, pero antes paga, con rostro serio, su café, sin esbozar ni una leve sonrisa, con un sentimiento de culpabilidad claro.
La puerta es pequeña para su velocidad, casi choca, en su roce, en su huida y la gente, con la calma chicha de quien no trabaja ni quiere, de quien no tiene adónde ir ni lo desea, de quien sale a husmear con paso de tortuga y mirada de lince a ver qué salsa encuentra para la vida perra diaria, se interpone en su camino, porque la lentitud y la mirada fija y escrutadora provocan, quieren provocar, esperando que surja algo, una chispa, donde la electricidad está cara y casi desaparecida, donde un pequeño morbo puede alegrar la tristeza infinita de una humanidad dormida.
Pero no ha caído en la trampa, no ha mirado hacia atrás, no ha querido arriesgarse ni mostrar el menor indicio de su acto sagrado, personal, único. Sonríe en sus adentros, no vaya a ser que se note en su caminar y cualquier ciudadano que se cruce se espante de una gota de alegría manifiesta. La ilusión del personaje. ¿Qué más quiere hoy? ¡Qué más da todo! Nada, nada, la nada. Y sueña con un rincón para leer y releer sobre la escritura, el tema que siempre le produce pálpitos, extravagancias, nueva vida, el nervio del que la vida carece en los momentos más repetidos.
Ha llegado, se ha sentado y ha olvidado el café, obseso con esa pornografía literaria tan evidente, tan detallada, tan espléndida. El día se adorna de una mancha alegre, el café ya frío, sobre el papel, no sabe si sobre la camisa y mira hacia todos lados, con la intención de vigilar si alguien lo ve en su atraco, robo descarado de una hoja de papel, un trozo, un artículo, que nadie quiere ni ver, pero del que piensa que es un pequeño tesoro que, en ciertos momentos, le va a equilibrar la temperatura vital, su emoción diaria.
El personaje huye, pero antes paga, con rostro serio, su café, sin esbozar ni una leve sonrisa, con un sentimiento de culpabilidad claro.
La puerta es pequeña para su velocidad, casi choca, en su roce, en su huida y la gente, con la calma chicha de quien no trabaja ni quiere, de quien no tiene adónde ir ni lo desea, de quien sale a husmear con paso de tortuga y mirada de lince a ver qué salsa encuentra para la vida perra diaria, se interpone en su camino, porque la lentitud y la mirada fija y escrutadora provocan, quieren provocar, esperando que surja algo, una chispa, donde la electricidad está cara y casi desaparecida, donde un pequeño morbo puede alegrar la tristeza infinita de una humanidad dormida.
Pero no ha caído en la trampa, no ha mirado hacia atrás, no ha querido arriesgarse ni mostrar el menor indicio de su acto sagrado, personal, único. Sonríe en sus adentros, no vaya a ser que se note en su caminar y cualquier ciudadano que se cruce se espante de una gota de alegría manifiesta. La ilusión del personaje. ¿Qué más quiere hoy? ¡Qué más da todo! Nada, nada, la nada. Y sueña con un rincón para leer y releer sobre la escritura, el tema que siempre le produce pálpitos, extravagancias, nueva vida, el nervio del que la vida carece en los momentos más repetidos.
sábado, 2 de noviembre de 2013
La rage
Así, de golpe puedes entrar en el blog de nuevo, con la palabra que no sabes definir, en otro idioma, con otros zapatos, distintos de los que usas normalmente, para desahogarte después de... Y no quieres hacerte la foto, temes reconocerte en tu verba amplia, o no quieres, no te da la gana. Y te miras de soslayo, observando para averiguar tu falta o no de ejercicio de tus dátiles entumecidos.
Resulta conmovedor volver al teclado, convencerte de que no quieres dejar de evolucionar, pero...
La vida hace enloquecer al personaje, poco a poco, casi sin reparar en ello.
El personaje es más grande de lo que piensa, por el tiempo y la experiencia, por la evolución. Mas tiene puntos endebles, mentalmente endebles, pasajeros pero que no dejan de constituir un peligro.
Al personaje le gustaría escribir siempre.
Falta que quiera con todas sus ganas.
Falta la luz a las seis de la tarde.
Quizás sea un poco tarde.
Vea poco.
Un poco de fuerza.
La rabia de no permanecer.
El fading actuando.
No obstante, el cielo es levemente azul y esperanzador.
Todavía.
Siempre se está a tiempo de cualquier cosa.
Cuando se está a tiempo.
Hay tiempo.
Resulta conmovedor volver al teclado, convencerte de que no quieres dejar de evolucionar, pero...
La vida hace enloquecer al personaje, poco a poco, casi sin reparar en ello.
El personaje es más grande de lo que piensa, por el tiempo y la experiencia, por la evolución. Mas tiene puntos endebles, mentalmente endebles, pasajeros pero que no dejan de constituir un peligro.
Al personaje le gustaría escribir siempre.
Falta que quiera con todas sus ganas.
Falta la luz a las seis de la tarde.
Quizás sea un poco tarde.
Vea poco.
Un poco de fuerza.
La rabia de no permanecer.
El fading actuando.
No obstante, el cielo es levemente azul y esperanzador.
Todavía.
Siempre se está a tiempo de cualquier cosa.
Cuando se está a tiempo.
Hay tiempo.
viernes, 17 de mayo de 2013
Desayunos
Retomar, retomar sin pensar. A la carrera, sólo para escribir dos palabras, en un estilo sin nada por dentro, con sólo los restos del naufragio que aún no se ha producido ni se producirá con un poco de suerte de modo inmediato.
Y ahí vas, con el ejercicio obligatorio de levantar la cabeza, para que no se caiga todo, para que no se muestre la contingencia.
Para empezar, podría ser que fuera suficiente. Barbotear. Inventar palabras como si soplara todos los días por medio del oxígeno y la respiración.
Y ahí vas, con el ejercicio obligatorio de levantar la cabeza, para que no se caiga todo, para que no se muestre la contingencia.
Para empezar, podría ser que fuera suficiente. Barbotear. Inventar palabras como si soplara todos los días por medio del oxígeno y la respiración.
viernes, 13 de enero de 2012
Razones para seguir
Logan rebusca razones para seguir. Es más difícil y se ha decidido a ello.
Buscar razones para abandonar resulta más fácil. Todo el mundo abandona.
Abandona la vida, los estudios, el trabajo, la familia, la vida. Todo el mundo abandona la vida. Aunque, ja, no quiera. claro.
Logan con la tentación de abandonar a cuestas.
Pero seguir es de hombres.
Seguir.
Aguantar.
Hace falta aguante, diligencia y fuerza física.
Seguir en el tajo.
Porque lo necesito.
Porque me da vida.
Porque siempre lo he querido hacer.
Porque me imprime calidad de vida.
Porque me eleva el espíritu, el puro y el impuro.
...
Logan rula/furrula.
Se permite razones.
Todos los días busca razones o simplemente las llama, las reúne, las cuenta y ve que están todas, que no le falta ni una. Y sonríe plácidamente como un bobalicón.
jueves, 17 de marzo de 2011
Eureka
Aprieto la k y me sale. A veces no me doy cuenta y constato mi olvido, vuelvo atrás y corrijo.
Es mi vida, me dedico a ver mis letras, por si están juntas, por si me buscan todos los días, por si no se me despistan, no vaya a ser que se desmadren y me busquen una buena. Si quisieran me harían infeliz de por vida,mas espero que se reporten y no pierdan la cabeza.
De todos modos, me he acostumbrado a ellas y en cualquier momento las echaría mucho de menos.
sábado, 29 de mayo de 2010
La otomana
La otomana llegó a la semana exacta del encargo. La bajaron del camión y la subieron a la casa con delicadeza y la depositaron en el rincón de una habitación amplia e iluminada, justo al lado de una ventana, de modo que la luz, a la persona que allí se tumbara, le entrara por la izquierda, como mandan los cánones. En cuanto se fueron los empleados de la tienda de muebles, terminó de desempaquetarla, la miró desde todos y cada uno de los ángulos posibles y se lanzó a la prueba. Se colocó con cuidado en el centro del mueble.
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